Flamenco e Estética (5)

Atualizado: 26 de Jan de 2019

Os últimos posts feitos aqui no curso de cultura flamenca tiveram como objetivo fundamentar o próximo módulo do curso, que propõe uma reflexão mais qualificada sobre o tema da identidade no flamenco.


Com o intuito de fazer a ponte que precisamos para esta questão, proponho aqui a leitura deste artigo do jornalista, escritor e crítico de flamenco Manuel Martín Martín, que desde 1998 publica para o jornal espanhol El Mundo.


A crítica, divulgada em 02 de outubro de 2018, é um balanço sobre a XX edição da Bienal de Sevilla deste ano, que trouxe muitas polêmicas e reflexões sobre os rumos que esta arte vem tomando.


No post seguinte, iremos trazer para vocês alguns links para alguns trechos dos espetáculos mais comentados durante o mês de setembro no meio flamenco!


Esperamos que vocês gostem!


El fracaso de nuestro sistema cultural


Por Manuel Martín Martín (02/10/18)


Nunca es agradable vivir el fin de algo, pero mucho me temo que, como ocurriera con la Quincena de Flamenco y Música Andaluz, que descansó en paz a mediados de los ochenta del pasado siglo, el Ayuntamiento de Sevilla, con la complicidad de la Diputación Provincial o de quien es pionera en pagar a precio de oro el material de desecho, la Junta de Andalucía, están preparando, a lo mejor sin pretenderlo, el acta de defunción de la Bienal de Flamenco.



Cartaz da Bienal de Sevilla 2018

El flamenco es valorado como una representación identitaria de España y considerado un elemento cultural de primer orden. Pero no por la entelequia tan cacareada del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad que sólo fue advertida en El Mundo, sino por ser la decantación de la cultura andaluza, y de la que se espera encuentre en la Bienal de Sevilla el certificado de la mejor salud, la garantía de ver en su escaparate lo más granado de las facetas que lo comprenden, lo más selecto que pueden aportar aquellos hacedores de arte que han de construir el futuro.


Pero a tener de lo visto en esta edición, los pronósticos de lo venidero es tan incierto como que Niño de Elche o Rosalía se conviertan en cantaores de flamenco; que los espectáculos coproducidos por la Bienal, tal que los de Rocío Molina, Eva Yerbabuena, Patricia Guerrero o Andrés Marín, por no citar la jornada inaugural con el sempiterno Israel Galván y otros más como el de Carmen Linares, pasen a la memoria del histórico festival, o que vuelva a repetirse el hecho de pagar por una mamarrachada de cartelería la 'módica' cantidad de 36.000 euros, por lo que urge que en el balance del Ayuntamiento no sólo enseñen el número de asistentes, que ha sido bastante numeroso, sino las cuentas, el caché artístico de todos, amigos y amiguetes, y el gasto en producción.



No es hora de entrar, empero, en un resumen con los aciertos y los muchos fracasos artísticos, tan subjetivos, pero sí en una gestión programática que delata cómo la organización no ha aprovechado las posibilidades a su alcance. Claro que esperar milagros de quienes han contado con tres directores para esta edición y han pretendido caminar sobre las aguas en lugar de poner pie en tierra, revela por qué en el mar del confusionismo en el que la Bienal de Sevilla ha embarcado al flamenco, ha habido artistas -o lo que sean, que de todo hay en esta fauna-, que pisotearon las olas de la playa de la tradición.


El Ayuntamiento de Sevilla aún no ha entendido el enorme potencial del flamenco como hecho diferencial de la cultura andaluza. Lo jondo tiene meta porque la voluntad política, el nuevo señorito, no encuentra finalidad en su naturaleza. Y si no, que digan las facilidades dadas a los grupos de interés que mayor desprecio presentan al clasicismo jondo, y que expliquen las ausencias de Paco Cepero, que cumple 60 años de artista, Rafael Riqueni, Vicente Amigo, el sempiterno ausente El Cabrero, José Mercé, El Pele, Antonio Reyes, Manuela Carrasco, Pansequito, Aurora Vargas, Marina Heredia, Milagros Mengíbar, Juan Manuel Cañizares, Antonia Contreras, Rubio de Pruna o los valores que han destacado en estos dos años, como Israel Fernández, El Purili, El Boleco o Manuel de la Tomasa.


Ítem más. La ciudad necesita que revelen el porqué de la saturación de la programación y la injusticia cometida en los conciertos de guitarra -todo un acierto, por cierto-, que impedía acudir a ellos porque se solapaba con otros espectáculos. O el marginar a la joven más valiosa de su generación, la lebrijana Anabel Valencia, al último domingo y a las doce de la mañana sin olvidar que entró gracias a las peñas flamencas. Y para muestra del caos, programar sin orden ni razón, con actuaciones 'low cost', fijar para el mismo día a Eva Yerbabuena e Isabel Bayón, contratar a Rosalía para el día del estreno de Ana Morales con una carrera popular de por medio, desacralizar el Lope de Vega con el cantamañanas del niño de la palmera, admitir 'La Bienal enciende Sevilla' sin después dar la cara por el oprobio que recibió Luisa Palicio y su compañía, anunciar el cante de Juanillorro después de su fallecimiento, etc., etc., etc.


A esta Bienal le han sobrado igualmente días o faltado criterios racionales para ordenarlos, pero también amiguetes que tienen el don de la ubicuidad, despilfarro hasta en la vaciedad de los programas de mano, que no sirven ni a las palomas del Parque de María Luisa, y espectáculos tramposos que se venden como lo que no son. Por el contrario, ha carecido de lo fundamental, hondura, emoción, la capacidad de transmisión que subyace en el flamenco. Y todo porque el Ayuntamiento parte de una premisa falsa y dañina para el género.


El fin del arte no es la protección de un poder establecido que, para lograr sus aviesas intenciones, se ve en la necesidad de entrar en colisión con el flamenco en sentido estricto, en destruir la partitura del clasicismo y en desobedecer las reglas del pudor escénico a fin de recrear una nueva vida que, ni por asomo, se aproxima a lo jondo.


El flamenco tiene un camino para llegar a él y mil para alejarse. Y el más sospechosos de todos, y también el más cruel y dañino, es coquetear con la muerte de la tradición flamenca con el dinero del erario público, que es lo que la afición colige de esta XX Bienal de Flamenco, que se esfuerza en dejar de ser el mayor acontecimiento del género a nivel mundial, donde los estrenos se cuentan con los dedos de una mano, agrupa muy mal los espacios según los contenidos y, pese a que cuenta con un público esnobista que todo lo aplaude, no atiende a lo que pretende vender.


De los espectáculos que no se solapaban y a los que pude asistir, retengo los que vomitaron, cuestionaron o ablandaron el término flamenco, pero también la creatividad y el goce propiciado, a mi entender, por Rafaela Carrasco, María Pagés, Mercedes Ruiz y Ana Morales. Han dejado la impronta del estilo Isabel Bayón, Farruquito, Grilo y Juana Amaya. Destaco a María Moreno por sobreponerse cual heroina al fallo de los proyectores y los conciertos de Antonio Rey & Diego del Morao, Tomatito y Pedro María Peña. El mayor riesgo cantaor lo asumió con éxito José Valencia y la firmeza del valor de la tradición la confirmaron Calixto, El Granaíno y Argentina. María Terremoto sigue cotizando al alza, los elencos del atrás están a un nivel de rango superior, y se alcanzó la gloria con Dorantes.



Felicitar, por último, al departamento de comunicación, que un año más ha dado una soberana lección de profesionalismo, y por supuesto a las estrellas que, sin ser mediáticas, nos dejaron mirar en ellas, a quienes elaboran el flamenco, flamenco, y no como si fueran a vivir mil años del cuento o del mangazo, sino como si el fin estuviera muy cerca. Pero mal que nos pese a quienes vimos nacer y crecer a esta criatura que sólo ha cumplido veinte ediciones, barrunto que, o se atiende a la esencia del género, o el final del viaje será el principio de otro.



Convite à reflexão: Na sua opinião e com base na sua relação com o flamenco, fale um pouco para nós o que é ser flamenco para você e o que isso representa em sua vida. Escreva para patricia.elmoor@gmail.com.




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