Flamenco e Estética (2)

Atualizado: 28 de Jan de 2019

Já que iremos percorrer a história da arte flamenca para entendermos um pouco mais sobre as principais mudanças do ponto de vista estético pela qual a dança passou, sugiro começarmos com este texto maravilhoso escrito por José Luis Navarro publicado no blog El Eco de la Memoria. O texto completo pode ser acessado aqui. Vale mencionar que parte dele se encontra publicada no livro escrito pelo próprio Navarro em co-autoria com Eulalia Pablo, intitulado "El Baile Flamenco".


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El baile que hoy llamamos flamenco cristaliza sobre los tablaos de los cafés de cante durante las últimas décadas del siglo XIX. Su materia prima es la gracia, la espontaneidad, la elegancia de los bailes andaluces, la garra y el arrebato de los modos interpretativos de la raza calé y el descaro de las danzas afroamericanas. Los padres de la criatura son los andaluces, los gitanos que vieron la luz en esta tierra y los negros que llegaron a ella. Unos pusieron la sal, otros el temperamento y otros la sensualidad.



El baile flamenco es, además, fruto de una simbiosis que ha durado siglos. Un proceso continuado de fusiones múltiples. Un diálogo ininterrumpido entre bailes populares, bailes de teatro y bailes de academia. Primero, los maestros de baile que inventaban coreografías para el teatro bebieron de la fuente del baile popular. Luego, sus bailes se convertían en modelos que muchos amantes de la danza, que asistían a aquellos espectáculos, abarrotando los corrales de comedias, no solo contemplaban fascinados, sino que, después, copiaban sus pasos y movimientos y los interpretaban a su manera, imprimiéndoles esa espontaneidad que caracteriza a las danzas que le gusta hacer al pueblo.



Um dos belíssimos registros de bailes espanhóis gravados pela cineasta Alice Guy em 1905.

Y es que, aquellos días y mucho después, la relación entre el teatro y la calle era intensa y fluida, porque el teatro era todo un vicio nacional. Se podría pasar necesidad, pero no por ello se dejaba de ir al teatro. Algo muy similar a lo que hoy ocurre cuando vemos antenas de televisión instaladas en misérrimas chabolas. Un hecho que no pasó desapercibido a los ojos de los viajeros que visitaron nuestro país. Uno de ellos, Robert D. Murray, hacia 1840, nos dejó constancia de lo que, desde luego, no sería nada nuevo por aquellas fechas. Estas son sus palabras:


Todo el mundo, en verdad, parece vivir para divertirse, desde los más bajos a los más altos. Miles de personas se agolpan en cualquier espectáculo público, y uno se pregunta de dónde habrán sacado los cuartos para pagar la entrada, pues en su aspecto se retrata la necesidad. Pero en esto es donde se distingue claramente el carácter de los sevillanos, que anteponen el disfrute de su diversión favorita a la misma necesidad de comer, y se gastan la mayor parte del sueldo en ir a los toros o al teatro.


Por eso, ese diálogo entre la calle y las tablas se repetía una y otra vez. Pasado algún tiempo, las cómicas, sus maestros de danzar y quienes tenían abiertas academias, que, no lo olvidemos, tenían la misma extracción popular que sus públicos, se volvían a asomar a los festejos y reuniones populares, buscando inspiración para sus creaciones, y de nuevo refinaban, codificaban y estilizaban lo que allí veían y muy posiblemente ellos mismos bailarían. Así, una y otra vez, hasta llegar a las recientes influencias de la danza contemporánea.



La historia del baile andaluz ha sido, pues, un diálogo repetido y fructífero entre aquellas mozas de tronío que bailaban simplemente porque se lo pedía el cuerpo, los cómicos y cómicas que daban vida en los corrales de comedias a los bailes que en cada momento estaban en boga y los maestros de baile que se encargaban de enseñarlos en sus academias.


El baile flamenco fue además un diálogo abierto y libre de prejuicios entre andaluces y calés, en el que también tomaron parte muchos de aquellos negros que llegaban como esclavos a nuestras costas, o que, llevados a tierras americanas, nos fueron enviando, desde los puertos caribeños, con sus contoneos, quiebros y ritmos binarios, lo mejor de sus habilidades dancísticas.


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